La disolución del cuerpo mediante agua podría ser el futuro de nuestros ritos funerarios. Al menos, esa es la apuesta del gobierno escocés al legalizar oficialmente la "aquamación".

 

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También conocida como resomación, esta técnica consiste en colocar el cuerpo en un recipiente a presión que contiene una mezcla de agua e hidróxido de potasio. La solución se calienta entre 90 y 150 °C sin que el líquido llegue a hervir en ningún momento. Así, en pocas horas, el cuerpo se descompone de manera sumamente suave.

Al final del ciclo, la familia puede recuperar cenizas de una blancura radiante, incluso más abundantes que las obtenidas mediante el fuego. El líquido restante, totalmente inofensivo, puede utilizarse como abono natural o incluso verterse en la red de agua sin impacto ambiental alguno.

Esta técnica no solo consume siete veces menos energía que la cremación, sino que también evita la saturación de los suelos en los cementerios y la contaminación del aire por los crematorios urbanos. Otra ventaja: los dispositivos médicos invasivos (como los marcapasos) pueden recuperarse intactos al final del proceso para ser reciclados de forma segura. ⚰